Esa sensación de acercarte a lo ya conocido y aún así sorprenderte en cada paso.... Esa tengo ahora. Porque sé qué sucederá, sabía qué pasaría, y ni por esas me acostumbro a este sentimiento tan arraigado de felicidad, de deleite de conformidad...
Pasa un par de veces al año que, me encuentro con lo que espero ansiosa, que planifico mil cosas que sé que no serán, pero no importa, sueño futuros inciertos y vivo presentes que se deshacen en cada palabra escalonada... Y soy así, y quien quiera que me quiera y quien no, que al menos no me cambie demasiado...
Y me enrabio si no se me muestran mundos internos, si sólo me abren las puertas de la entrada y luego me niegan los pasillos, porque en mi mundo no hay puertas... Sólo muros que enladrillo cada noche con lágrimas de cemento, y que derribo con los bostezos que me inspira el alba...
Ilusa, llámame ilusa por creer que algún día derribaré los muros del resto con un aullido de esperanzas, por querer cambiar el mundo, derribar cada barrera que se encauza en falsas causas, en necedades, en inventos odiosos, en técnicas de robar almas que desdeñar...
A veces, solo a veces, deseo la invisibilidad de los cuerpos, el mero vagar de las faltas de forma, el ser borrones indefinidos, de modo que lo único que nos forme sean pensamientos, ni una partícula palpable, ni una célula alienable a otra, el romper de las cadenas que nos atan a la predeterminación, clasificación si quieres decirlo así...
Muero cada vez que una mala mirada, que un tono pesado me ataca, se lanza a mi cuello con ansia de sangre helada, mal vibrante y de leve pálpito... Pero me aferro al recuerdo, a lo que he aprendido, y sobre todo, recuerdo lo que me han enseñado, transmitido, conmovido, ilusionado… Y esas garras que encallo en la parcela de memoria no se rinden… No mientras alzando la mirada, en el centro de esa parcela, pueda verla sonreír…
Felicidades, maestra…