Confiesa qué temes bajo la luz de una farola, déjate llevar por ese sentimiento extraño que no te da pie a mentir, que sólo puedes comprender, sin definirlo ni contenerlo, porque es mayor que tu propio cuerpo...
Revívelo al amaecer y maldí el terminar de la noche, el caer de las horas, el pasar absurdo del tiempo al alejarme de ti... Llora por sentir plenitud, por entender parte del misterio que te suponía el sinsentido de los días superpuestos... Ten más miedo a cada segundo, y menos dudas, y más miedo aún... Entiende que es tarde para salir del lugar donde nunca supiste cómo entrar, y que, sin embargo, estás dentro. Asúmelo y tiembla. Aloja en tí un escalofrío único en una noche invernal. Tu cuerpo queda congelado, pero no lo sientes, sólo eres un ser consciente perciviendo cómo te adentras más y más en ese lugar de contorno humano del que no quieres salir jamás, ni siquiera asomarte al exterior. Vuelve a ser la niña que soñaba tener a alguien y sorpréndete al ver que ese sueño se ha cumplido. Que llevas una vida llorando a solas y en silencio los miedos y daños más severos, y ahora, has roto todo aquello en el impreciso instante en que te envolviste y arropaste en otro ser...
jueves, 31 de marzo de 2011
lunes, 28 de marzo de 2011
My decline...
El peso inmune de los daños que se atan a mí, que me enredan, me cubren, ahogándome hasta la inconsciencia, no aligera con los años... La falta de aire me acompaña cada día, de la mano de esa sensación claustrofóbica que no puede evitar el deseo de apuñalar mi mente y alma con finos filos.
El paso oscuro del insomnio prematuro resuena cada noche en mis paredes, atormentando los atisbos de un sueño relajado, y convirtiendo en hiel mis roces de sábanas en desuso extremo. Me encauzo en ríos imperturbables de pensamientos metafísicos que no llegan a mar alguno.
Día a día se van uniendo puntos que no sé situar, que en mi mente yacen inconcretos hasta enmadejarse caóticamente, sin fuerzas, pero impenetrables, inseparables... En mi ventana cuelga la impasible mirada de un cielo incesante, atrevido sin llegar a la sátira pero incesante en su mirar descarado. Su mirada inquisitiva me hace responder a preguntas que sólo yo me hago, sin saber si la respuesta es correcta, sin conocer causas ni consecuencias, pero anhelándolas desde lo inmemorable...
Creemos que tenemos el tiempo anclado, que ni un segundo se nos escapa si no lo dejamos cierta ventaja, no obstante, el error no podría ser mayor... Somos nosotros quienes estamos clavados, quienes somos presos de ese tiempo indestructible que sin embargo, a cada segundo nos mata, nos quita esa vida que llamamos nuestra a sabiendas que es de todos menos nuestra... Que pertenecemos sin remedio al tiempo, a las circunstancias que se nos plantean sin nosotros decidir cada mañana qué sucederá... Somos marionetas tristes de vidas náufragas en océanos de arena de reloj viejo y aire apelmazado... Somos aquel desecho que nadie quiso para sí como algo divino, somos monstruos creados en el laboratorio de una maquiavélica naturaleza, somos restos del pasado y bocetos a carbón de futuros inciertos...
El paso oscuro del insomnio prematuro resuena cada noche en mis paredes, atormentando los atisbos de un sueño relajado, y convirtiendo en hiel mis roces de sábanas en desuso extremo. Me encauzo en ríos imperturbables de pensamientos metafísicos que no llegan a mar alguno.
Día a día se van uniendo puntos que no sé situar, que en mi mente yacen inconcretos hasta enmadejarse caóticamente, sin fuerzas, pero impenetrables, inseparables... En mi ventana cuelga la impasible mirada de un cielo incesante, atrevido sin llegar a la sátira pero incesante en su mirar descarado. Su mirada inquisitiva me hace responder a preguntas que sólo yo me hago, sin saber si la respuesta es correcta, sin conocer causas ni consecuencias, pero anhelándolas desde lo inmemorable...
Creemos que tenemos el tiempo anclado, que ni un segundo se nos escapa si no lo dejamos cierta ventaja, no obstante, el error no podría ser mayor... Somos nosotros quienes estamos clavados, quienes somos presos de ese tiempo indestructible que sin embargo, a cada segundo nos mata, nos quita esa vida que llamamos nuestra a sabiendas que es de todos menos nuestra... Que pertenecemos sin remedio al tiempo, a las circunstancias que se nos plantean sin nosotros decidir cada mañana qué sucederá... Somos marionetas tristes de vidas náufragas en océanos de arena de reloj viejo y aire apelmazado... Somos aquel desecho que nadie quiso para sí como algo divino, somos monstruos creados en el laboratorio de una maquiavélica naturaleza, somos restos del pasado y bocetos a carbón de futuros inciertos...
sábado, 26 de marzo de 2011
My ludicrous circus.
Damas y caballeros, he aquí la segunda escena de mi circo... de lo absurdo.
Porque todos hemos vivido vivencias, situaciones situadas, sentido sentimientos, porque la redundancia me provoca escepticismo en lo letrado...
Mi circo comienza, como todo, con una idea, quizá igual de absurda. Yo no quiero ser, como bien dice Mario, un payaso cuyo circo se ha largado, es decir, no quiero sentarme ante la vida sin remediar nada, sin disfrutar o sufrir nada. Pero a veces, lo hago, me encauzo en mares de monotonía y me convierto en ese payaso que saca sonrisas con irreales y parodiadas situaciones, o quizá trapecista que se tambalea ante la idea de elevarse algún día más allá de un sueño de media noche, o, quién sabe, el domador de fantasmas del pasado que insisten en ocupar primera fila en el espectáculo del día...
Si, a veces me ridiculizo hasta rozar... o más bien hasta ahogarme en vergüenza ajena y propia. Y otras, me imagino protagonista de aquel famoso payaso triste, que a nadie logra hacer reír, que ya no tiene lugar en un mundo frío en el que estamos enjaulados, porque estamos atados a un presente eterno y sin remedio más que vivirlo como cura ante esta enfermedad que es la autentica, ruda e insoportable soledad de vagabundos...
Y al final de cada desastrosa función, de cada estrepitoso fracaso de la actuación, al llegar la noche arrastrando el telón consigo, me siento con la mirada centrada en la letanía de la paradoja y pienso "señoras y señores, se acabó lo que se daba, este payaso cuelga su nariz...", sin embargo, si el éxito del día embriaga mi almohada hasta rozar un éxtasis de calma, un deleite de pensamientos que sintetizan veinticuatro horas se acuna en mí y mi propio aliento me susurra "estallan bambalinas hasta pie de escenario tableado, y yo sigo ahí, donde dejé mi sonrisa, porque señoras y señores, mi letargo es solo un aleteo de esperanza...".
Porque todos hemos vivido vivencias, situaciones situadas, sentido sentimientos, porque la redundancia me provoca escepticismo en lo letrado...
Mi circo comienza, como todo, con una idea, quizá igual de absurda. Yo no quiero ser, como bien dice Mario, un payaso cuyo circo se ha largado, es decir, no quiero sentarme ante la vida sin remediar nada, sin disfrutar o sufrir nada. Pero a veces, lo hago, me encauzo en mares de monotonía y me convierto en ese payaso que saca sonrisas con irreales y parodiadas situaciones, o quizá trapecista que se tambalea ante la idea de elevarse algún día más allá de un sueño de media noche, o, quién sabe, el domador de fantasmas del pasado que insisten en ocupar primera fila en el espectáculo del día...
Si, a veces me ridiculizo hasta rozar... o más bien hasta ahogarme en vergüenza ajena y propia. Y otras, me imagino protagonista de aquel famoso payaso triste, que a nadie logra hacer reír, que ya no tiene lugar en un mundo frío en el que estamos enjaulados, porque estamos atados a un presente eterno y sin remedio más que vivirlo como cura ante esta enfermedad que es la autentica, ruda e insoportable soledad de vagabundos...
Y al final de cada desastrosa función, de cada estrepitoso fracaso de la actuación, al llegar la noche arrastrando el telón consigo, me siento con la mirada centrada en la letanía de la paradoja y pienso "señoras y señores, se acabó lo que se daba, este payaso cuelga su nariz...", sin embargo, si el éxito del día embriaga mi almohada hasta rozar un éxtasis de calma, un deleite de pensamientos que sintetizan veinticuatro horas se acuna en mí y mi propio aliento me susurra "estallan bambalinas hasta pie de escenario tableado, y yo sigo ahí, donde dejé mi sonrisa, porque señoras y señores, mi letargo es solo un aleteo de esperanza...".
lunes, 21 de marzo de 2011
Blackout
Aspiro una bocanada de aire en busca de calma, de orden, pero las astillas de mi pecho lo entrecortan y no lo dejan recorrer mi cuerpo. Se anclan en mis ojos las lágrimas de un llanto silencioso, apagado e incesante. No recordaba que el dolor previo a la deidad fuese tan devastador. Pienso en qué diré, cómo miraré, qué gesto haré y luego, solo después de que el tiempo me ha vencido, me doy cuenta de que no sirvió de nada. Rememoro en mi memoria cada noche el ritual del desencanto. Sin nada que pueda alentar a mi ánima cansada de renacer en el frío de la aurora. La idea de tener lo que ni siquiera existe se instaura en mi mente, se vuelve ocupa perenne de mi contorno desdibujado. Saturo de carbón mis pulmones hasta el punto de respirar hollín, y mis venas con alcohol para borrar cada renglón que escribí sobre mis deseos, ya rasgados cuan vestido de la meretriz al llegar el alba. La salida más próxima se refleja en el propio fondo de la botella vacía a la que me aferro. Mi ansiedad se crece y comienza el baile de máscaras que mis recuerdos protagonizan. La verdad se disfraza de puta triste y besa a mis mentiras con sangre en los labios. Estalla el sonido en la anacrusa de mi voz desgarrada, y ese alarido torna en un grito de guerra que detiene todo movimiento. Ahí estoy, sujetando mi propio peso en una barra inundada de sustancias incitantes a la perversión de vidas repletas o vacías. Reviento la botella en plena crisis de ausencia y despierto de la ensoñación sobre mi muerte por el frío desvanecer de la sangre por mis manos. Todo es un juego del que nadie conoce las reglas, nadie vencerá jamás, y por mi parte, decido cambiar de patio de recreo y con mi última demostración de malabares rasgo mi garganta y espero que llegue el jurado a decirme el secreto que debemos averiguar para no rendirnos, eso sí, ya muy a deshora para mi. Ya solo soy ese charco de sangre, saliva y alcohol que yace en el sucio suelo que antes me sostenía y ahora me contiene...
sábado, 19 de marzo de 2011
Anacrusa
Cuántas luces no ves a lo largo de tu vida por evitar que duelan los ojos. Cuántas palabras necias recaen en paladares de iletrados forofos del undécimo arte tan de moda, ese rastrero afán por superarse sin mejorar lo más mínimo. Puedes dedicarte a ello como grata pasión y con el talento tenaz de ser capaz de aludir a “quesicosas” y negaciones a lo obviamente real. Resulta cuasiadmirable y digno de estudio el entusiasmo que hay por este arte. ¿Dónde quedó aquella vida que definías como tuya? Qué pequeñas veo tus palabras, qué lejanas tus gracias y qué lamentables tus gestos. Cesa en mí todo sentimiento noble o afable y se prende mi alma de un desahucio sin conjeturas de regreso y sin vislumbrar la pena ni la melancolía, sino la plenitud de una llana retirada. A la espera del descanso, respiro hondo, y guardo fuerzas. Siembra vientos y recogerás tempestades...
miércoles, 16 de marzo de 2011
Requiem for a soul...
El último aliento que esbozo en el roce de ásperas telas llenas de tu ausencia me acuna en algún lugar de cuyas coordenadas no soy consciente. Me atrapa la vertical de media noche en las manijas de un reloj desdibujado. Mi pensamiento intenta retenerte, pero sólo en el preciso instante en que fuiste alguien para mí, y sin embargo, todo esfuerzo se desvanece, resbala entre mis dedos, como seca arena... Llena de temores amanezco entre recuerdos sucios, grises, faltos de aroma y color, taciturnos en plena solana, anhelando un amanecer de lunas llenas, de blancas luces, de dulces sueños...
Me siento, a la espera de respuestas que nadie puede darme, a borrar días ensangrentados hasta empapar los atisbos rezagados de una ilusión apaleada por la rebeldía de los impulsos, y apago cada llama testaruda, obcecada en ensombrecer cada cuerpo, en difuminar cada contorno, en no calentar más alma que la que no tengo...
Me siento, a la espera de respuestas que nadie puede darme, a borrar días ensangrentados hasta empapar los atisbos rezagados de una ilusión apaleada por la rebeldía de los impulsos, y apago cada llama testaruda, obcecada en ensombrecer cada cuerpo, en difuminar cada contorno, en no calentar más alma que la que no tengo...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)