domingo, 17 de junio de 2012
Hanging secrets.
De vez en cuando, todo lo que deseo se reduce demasiado, tanto, que se hace real... Olvido las paredes, la utilidad de las sillas, el olor del miedo, el eco del latido nervioso... Me imagino ver pasar el tiempo en ti. Ver tus ojos rasgándose al sonreír, el albear de tu cabello, los surcos adueñándose de tu rostro... Sujeto mis sueños a un anhelo utópico, a un puñado de minutos que habito con el temor taciturno de mirar el reloj y descubrir que es el tiempo el que nos roba las palabras que podrían venir después, pero que no vendrán, y los abrazos que en los que nos podríamos perder, y que ni siquiera llegaremos a encontrar... Por ahora, lo encierro todo en este tango silenciado, en este alarido que baila con cada gota de lluvia, en estas lágrimas de desconcierto que conquistan mejillas ajenas, en estas butacas de público olvidado y de monólogos de voces roncas. Lo encierro, en la niebla blanquecina que circunda tu silueta en mi recuerdo, en tu presencia, y en mi quimera de plural...
domingo, 18 de marzo de 2012
Leaving that shit pit...
Habéis oído hablar de esas brujas que morían en la hoguera, sabéis que el humo inundaba sus pulmones, su sangre comenzaba a hervir, su piel tiritaba hasta que sus poros reventaban de miedo e ira, y sus ojos arrojaban sus últimas lágrimas con la esperanza de sofocar las calcinadas mejillas, no consiguiendo más que crepitantes gotas de combustible biografía... Los embustes desvestidos de otros fueron las llamas, el vómito cobarde de quienes salvan el rostro ante la verdad y la coherencia...
Prendedme fuego, y con mis colmillos haceos un collar que lucir con sonrisa altanera, que a mi, a mi ya no me importa... No me importa ser el mismísimo Lucifer, si éste no alza la voz de los borregos sino la suya. Ser Satanás, Príncipe de la Oscuridad, si la luz ilumina a los necios faltos de razón y de certeza, de humildad y humanidad... Ser Judas ante esta panda de beatos informes, o ser Belcebú, Señor de las Moscas, dando un paso al frente para alejarme de este enjambre de falacias cicateras que predican cretinos con el ego subido y la honradez secuestrada...
Prendedme fuego, y con mis colmillos haceos un collar que lucir con sonrisa altanera, que a mi, a mi ya no me importa... No me importa ser el mismísimo Lucifer, si éste no alza la voz de los borregos sino la suya. Ser Satanás, Príncipe de la Oscuridad, si la luz ilumina a los necios faltos de razón y de certeza, de humildad y humanidad... Ser Judas ante esta panda de beatos informes, o ser Belcebú, Señor de las Moscas, dando un paso al frente para alejarme de este enjambre de falacias cicateras que predican cretinos con el ego subido y la honradez secuestrada...
viernes, 6 de enero de 2012
Dead wishes...
Un sobresaltado amanecer empeñado en incordiar me arranca los párpados con un presentimiento. Me despierto descentrada, el aire se esconde demasiado rápido para el reflejo de fría aurora y sueño desgastado que conformo. Mi pálpito no decelera en el transcurrir del tiempo. Los motivos aún efímeros van cobrando forma hasta la llegada del último mal, la anunciación del mirífico naufragio que la vida se empeña en dar como recompensa final.
Recuerdo cada beso que no di, cada te quiero que me guardé, cada abrazó que me quedé, cada recuerdo que robé, cada conversación que esquivé, cada sonrisa que desdibujé... Recuerdo tanto y tan poco que las lágrimas sólo pueden hacer sendero, con paso profundo hasta dejar surco, hasta salar las heridas que dejan idas y venidas mal fechadas.
Perdí el tiempo con excusas, con falta de equipaje, con malas carreteras, y ahora respiro cada ausencia a bocanadas de aire oscuro, contaminado de alientos que anhelan, minado de recuerdos que estallan en plenos alaridos de nocturnidad y desamparo...
Cada noche una batalla con la realidad, que insiste en adentrarse hacia ensoñaciones necias que se dispersan en nubes de humo denso, cargado de estruendos lisos, llanas verdades y sátiras vivencias. Amargas cuan hiel quedan las palabras que me repito en voz baja, casi nimia e inexistente, cada vez que lo corpóreo cruza mi alma en pleno camino cortado, travieso barranco y cerciorado abismo de propia vida pedregosa...
Los cielos estrellados claman en silencio por su propia voz enmudecida, la tierra exige con tirones desatentos lo que en su día acunó y meció en su obligado insomnio. Acallan los golpes la falta de espíritu, la ruleta rusa del vagabundo aterciopelado, el repiqueteo mal provisto de un reloj sin acordar, las viejas dudas de la trémula soledad... Y se queda por decir la oración de los ilusos, la plegaria del mendigo y el veredicto de las baladas grises. Indecisión ante el partir de un ánima ya ausente hace tiempo, ante el surgir de palabras acertadas en situaciones inmutables alienadas a los seres más humanos y a los animales más irracionales... Sentenciada alma zarpa hacia el zaguero aliento, hacia el silencio extremo de burdo envoltorio y hacia el punto sin retorno, hacia ese éxodo anclado a la esencia de lo atávico...
Recuerdo cada beso que no di, cada te quiero que me guardé, cada abrazó que me quedé, cada recuerdo que robé, cada conversación que esquivé, cada sonrisa que desdibujé... Recuerdo tanto y tan poco que las lágrimas sólo pueden hacer sendero, con paso profundo hasta dejar surco, hasta salar las heridas que dejan idas y venidas mal fechadas.
Perdí el tiempo con excusas, con falta de equipaje, con malas carreteras, y ahora respiro cada ausencia a bocanadas de aire oscuro, contaminado de alientos que anhelan, minado de recuerdos que estallan en plenos alaridos de nocturnidad y desamparo...
Cada noche una batalla con la realidad, que insiste en adentrarse hacia ensoñaciones necias que se dispersan en nubes de humo denso, cargado de estruendos lisos, llanas verdades y sátiras vivencias. Amargas cuan hiel quedan las palabras que me repito en voz baja, casi nimia e inexistente, cada vez que lo corpóreo cruza mi alma en pleno camino cortado, travieso barranco y cerciorado abismo de propia vida pedregosa...
Los cielos estrellados claman en silencio por su propia voz enmudecida, la tierra exige con tirones desatentos lo que en su día acunó y meció en su obligado insomnio. Acallan los golpes la falta de espíritu, la ruleta rusa del vagabundo aterciopelado, el repiqueteo mal provisto de un reloj sin acordar, las viejas dudas de la trémula soledad... Y se queda por decir la oración de los ilusos, la plegaria del mendigo y el veredicto de las baladas grises. Indecisión ante el partir de un ánima ya ausente hace tiempo, ante el surgir de palabras acertadas en situaciones inmutables alienadas a los seres más humanos y a los animales más irracionales... Sentenciada alma zarpa hacia el zaguero aliento, hacia el silencio extremo de burdo envoltorio y hacia el punto sin retorno, hacia ese éxodo anclado a la esencia de lo atávico...
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