viernes, 6 de enero de 2012

Dead wishes...

Un sobresaltado amanecer empeñado en incordiar me arranca los párpados con un presentimiento. Me despierto descentrada, el aire se esconde demasiado rápido para el reflejo de fría aurora y sueño desgastado que conformo. Mi pálpito no decelera en el transcurrir del tiempo. Los motivos aún efímeros van cobrando forma hasta la llegada del último mal, la anunciación del mirífico naufragio que la vida se empeña en dar como recompensa final.
Recuerdo cada beso que no di, cada te quiero que me guardé, cada abrazó que me quedé, cada recuerdo que robé, cada conversación que esquivé, cada sonrisa que desdibujé... Recuerdo tanto y tan poco que las lágrimas sólo pueden hacer sendero, con paso profundo hasta dejar surco, hasta salar las heridas que dejan idas y venidas mal fechadas.
Perdí el tiempo con excusas, con falta de equipaje, con malas carreteras, y ahora respiro cada ausencia a bocanadas de aire oscuro, contaminado de alientos que anhelan, minado de recuerdos que estallan en plenos alaridos de nocturnidad y desamparo...
Cada noche una batalla con la realidad, que insiste en adentrarse hacia ensoñaciones necias que se dispersan en nubes de humo denso, cargado de estruendos lisos, llanas verdades y sátiras vivencias. Amargas cuan hiel quedan las palabras que me repito en voz baja, casi nimia e inexistente, cada vez que lo corpóreo cruza mi alma en pleno camino cortado, travieso barranco y cerciorado abismo de propia vida pedregosa...
Los cielos estrellados claman en silencio por su propia voz enmudecida, la tierra exige con tirones desatentos lo que en su día acunó y meció en su obligado insomnio. Acallan los golpes la falta de espíritu, la ruleta rusa del vagabundo aterciopelado, el repiqueteo mal provisto de un reloj sin acordar, las viejas dudas de la trémula soledad... Y se queda por decir la oración de los ilusos, la plegaria del mendigo y el veredicto de las baladas grises. Indecisión ante el partir de un ánima ya ausente hace tiempo, ante el surgir de palabras acertadas en situaciones inmutables alienadas a los seres más humanos y a los animales más irracionales... Sentenciada alma zarpa hacia el zaguero aliento, hacia el silencio extremo de burdo envoltorio y hacia el punto sin retorno, hacia ese éxodo anclado a la esencia de lo atávico...

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