A veces no puedo evitar escribirte, a ti, ese tú tan mío... que sin embargo, sé nunca tendré, porque no sería capaz de retenerte, de poseerte, mereces la libertad que no me queda a mi...
Soy presa de guerra, de una lucha sin sentido, sin contrarios, sin mayor temor que el de batallar por lo que no se puede ganar...
Solo puedo quererte sin saber qué mirada me devuelves y es que, nunca seré tan valiente como para avanzar, dar el paso hacia los labios que quiero recorrer hasta perderme, hasta borrar la idea de la imposibilidad que me impide estar contigo...
No puedo pensar en estar lejos de algo que forma parte de mi, pero si abro los ojos, si busco tu mitad en mi espejo, tú cierras los ojos... tú no me quieres ver...
Cuántas horas he de pasar a tu lado, con cara de perro abandonado, de cordero degollado, hasta que entiendas que lo que quiero es que me abraces, y que no me sueltes...
Que no pido que me expliques nada, ni que me expongas negativas en silencio, solo, que me abraces. Tan fuerte que el aliento me pida no volver, tan largo que la eternidad tenga que esperar su turno, tan seguro que el cielo nos intente aplastar, tan real, que los sueños nos declaren la guerra...
Necesito que no me sueltes, que no des la luz, que te quedes una noche, y otra más, que la rutina me lleve a tu espalda, que mi camino sea tu contorno más lascivo, y tu distancia liviana me olvide en el cajón de las cenizas consumidas en tu espera...
Paraliza mis sentidos en un roce, y avívalos en otro, convirtiéndonos en un círculo vicioso anclado en un bucle infinito...
No hay comentarios:
Publicar un comentario