jueves, 2 de septiembre de 2010
See me off.
Ladeo mi sonrisa cuando pienso cómo se encadenan a mí las palabras, todas ellas, las que escriben, dicen, escupen, violan, acarician, embelesan... Todas ellas. Hay alguien al otro extremo de cada cadena, que aprieta o se rinde, se deja llevar, se revuelve, o simplemente acompaña. Soy marioneta zarandeada por lo ajeno, en suspensión ante mi vacío. Un día te levantas belicoso y sientes la fuerza de cambios radiantes, y al siguiente amanecer tu mejor idea es perderte. Ves como se rasgan las tensas cuerdas y miras con pánico la primera vez, pero hilo a hilo te vas matando, te vas dejando morir, como algo coherente que ha de avanzar con su propio ritmo. Levantas los pies del suelo, desanclas tus raíces y deseas evaporarte en un grito, y después ser un susurro, ser el trueno seco y el rocío temprano de una noche de verano. La balanza inestable de mis días cede el eje a las dudas, no hay peso que sopese el lado perdedor. Por llano que sea el resto del camino, los valles y recodos del pasado han gastado las ilusiones de seguir, las fuerzas para recorrer, las ganas de aprender. Los ánimos y la suerte que me abordan de otros frentes, las almaceno para el día que tenga valor para dar la vuelta sin otra consideración que cerrar la puerta con la misma llave de mi tumba...
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