Se rompieron los cuentos, se perdieron las princesas, los príncipes, los reinos de hadas... Se reinventaron las historias, se miraron al espejo, y ahí cambió todo.
Descubrieron su final antes de tiempo, y no supieron vivir la cuenta atrás. Arrancaron las palabras a las musas, renegaron de la inspiración, se coronaron como meretrices del verso olvidado, y ahora corren calle abajo con los pies descalzos. Son ellas, las heroínas que amanecen ya cansadas, y aún así alzan la voz, los puños, la mirada... Con el alma cabizbaja, pero sin dejarlo entrever, con ademán de voluptuosas damas de cortes desvanecidas, se reinventan cada día. Y sólo muestran su vida a la muerte, para que nadie más se la pueda robar... No se quedan en cama, no se quedan sentadas ni cruzan los brazos, no revelan sus heridas, no buscan la guerra, se ganan sus sueños, se pintan los días, se borran el llanto y caminan, a cada paso se deciden; "hoy, sí, hoy"...
Alzan la vista y claman al cielo con una mirada incesante, entre contiendas de diario pasean sus sonrisas decididas, su serenidad casi esperpéntica, su electrizante inseguridad enmascarada, y sentencian una única disyuntiva; constancia como abecedario cotidiano.
La falacia de los mil fantasmas antagonistas de sus obras aturde el sentido en más de una ocasión, pero son ellas, las únicas, las miríficas, las afables, las combatientes, ellas, ellas siempre alerta, grandes, eternas... Pletóricas ante la adversidad de la vida o de la muerte, rebosantes en los trances gratos.
Todas perfectas merecedoras del utópico concepto de felicidad, y sin embargo testigos fieles de cada ocaso... Que hoy, sí, hoy, hoy y siempre, tengan rostros que vislumbrar con esperanza, quimeras que perseguir, infancias que recordar y regalar, besos que conceder y que les sean concedidos, miradas cómplices que despertar, y sonrisas que sosieguen el pálpito trémulo...
...especialmente, a María
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