Enmudecer ante la plena, dura y acogedora realidad. Ante la sinceridad de quienes nos critican o nos halagan. Temer sus ojos, querer esquivarlos al tiempo que ansiamos perdernos en ellos.
No tener palabras, ni gestos, ni miradas suficientes para dar las gracias. Para pedir cercanía, para infundar secretos y compartirlos, reservarnos momentos, dedicarnos silencios, escondernos del mundo o lanzarnos a él.
Amanecer con tal plenitud que las lágrimas se escapan, se van porque no las necesitas, porque sientes cada día más y más calor interior, del que te arropa en tiempos de guerra, del que te hace descubrir que estás, que existes...
Me eclipsan tus pensamientos cuando los narras, me atrapan tus palabras, me amarran tus comas, me ahogan tus puntos suspensivos y me angustian tus espacios...
Gracias por el cúmulo de sentimientos que aún me duran, por grabarme a fuego un abrazo en la distancia, por acogerme en un mundo que me fascina, por dejar que me embelese entre tus callejones y me acune por tus rincones...
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