Confiesa qué temes bajo la luz de una farola, déjate llevar por ese sentimiento extraño que no te da pie a mentir, que sólo puedes comprender, sin definirlo ni contenerlo, porque es mayor que tu propio cuerpo...
Revívelo al amaecer y maldí el terminar de la noche, el caer de las horas, el pasar absurdo del tiempo al alejarme de ti... Llora por sentir plenitud, por entender parte del misterio que te suponía el sinsentido de los días superpuestos... Ten más miedo a cada segundo, y menos dudas, y más miedo aún... Entiende que es tarde para salir del lugar donde nunca supiste cómo entrar, y que, sin embargo, estás dentro. Asúmelo y tiembla. Aloja en tí un escalofrío único en una noche invernal. Tu cuerpo queda congelado, pero no lo sientes, sólo eres un ser consciente perciviendo cómo te adentras más y más en ese lugar de contorno humano del que no quieres salir jamás, ni siquiera asomarte al exterior. Vuelve a ser la niña que soñaba tener a alguien y sorpréndete al ver que ese sueño se ha cumplido. Que llevas una vida llorando a solas y en silencio los miedos y daños más severos, y ahora, has roto todo aquello en el impreciso instante en que te envolviste y arropaste en otro ser...
:*
ResponderEliminar