sábado, 19 de marzo de 2011
Anacrusa
Cuántas luces no ves a lo largo de tu vida por evitar que duelan los ojos. Cuántas palabras necias recaen en paladares de iletrados forofos del undécimo arte tan de moda, ese rastrero afán por superarse sin mejorar lo más mínimo. Puedes dedicarte a ello como grata pasión y con el talento tenaz de ser capaz de aludir a “quesicosas” y negaciones a lo obviamente real. Resulta cuasiadmirable y digno de estudio el entusiasmo que hay por este arte. ¿Dónde quedó aquella vida que definías como tuya? Qué pequeñas veo tus palabras, qué lejanas tus gracias y qué lamentables tus gestos. Cesa en mí todo sentimiento noble o afable y se prende mi alma de un desahucio sin conjeturas de regreso y sin vislumbrar la pena ni la melancolía, sino la plenitud de una llana retirada. A la espera del descanso, respiro hondo, y guardo fuerzas. Siembra vientos y recogerás tempestades...
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