El último aliento que esbozo en el roce de ásperas telas llenas de tu ausencia me acuna en algún lugar de cuyas coordenadas no soy consciente. Me atrapa la vertical de media noche en las manijas de un reloj desdibujado. Mi pensamiento intenta retenerte, pero sólo en el preciso instante en que fuiste alguien para mí, y sin embargo, todo esfuerzo se desvanece, resbala entre mis dedos, como seca arena... Llena de temores amanezco entre recuerdos sucios, grises, faltos de aroma y color, taciturnos en plena solana, anhelando un amanecer de lunas llenas, de blancas luces, de dulces sueños...
Me siento, a la espera de respuestas que nadie puede darme, a borrar días ensangrentados hasta empapar los atisbos rezagados de una ilusión apaleada por la rebeldía de los impulsos, y apago cada llama testaruda, obcecada en ensombrecer cada cuerpo, en difuminar cada contorno, en no calentar más alma que la que no tengo...
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